La bruschetta es un aperitivo típicamente mediterráneo, ligero y muy fresco. Aunque circulan por la red millones de recetas diferentes para este plato, la esencia de la bruschetta se reduce a un buen pan cortado a rebanadas, aceite de oliva, tomate y albahaca: tan simple como eso. Por esta razón, cuando decidimos hacer esta sesión de fotografías que hoy os enseñamos, quisimos encontrar una puesta en escena que entrase en sintonía con las características del plato.

Como veis en este esquema de iluminación de arriba, decidimos optar por un único punto de luz: una softbox de 60x60cm a través de un difusor de 1’5m. La luz que emite este sistema resulta muy suave, genera muy pocas sombras y un efecto como de luz natural que entra en escena a través de una ventana.

Esta luz lateral, además, nos ayuda a poner énfasis en la textura de la bruschetta, cosa muy importante en el plano zenital, donde corremos el riesgo de que la imagen quede muy plana si la luz no ayuda a crear el contraste adecuado.

En cuanto a las ópticas usadas, elegimos dos diferentes: en los planos zenitales usamos un angular de 35mm, y en los planos cerrados un 100mm macro, que ayuda, igual que la iluminación que elegimos, a dar importancia a las texturas y los volúmenes de la bruschetta.

El colofón final siempre lo da el estilismo. En este tipo de recetas funciona muy bien la típica tabla de corte que está en casa de toda la vida, o ese cuchillo que usaba el abuelo para cortar el pan. ¡Sólo tenemos que ir probando y viendo cómo queda!

¡Esto es todo! Esperamos que os haya sido útil la explicación y que podáis poner en práctica estos cuatro consejos que os damos. ¡Queremos ver los resultados! ?